lunes, 13 de abril de 2009

Reacción ante una situación traumática

¿De que forma reaccionamos cuando estamos en riesgo? ¿Cómo se alteran nuestra percepción? ¿Cómo cambian nuestras reacciones?

En cualquier situación en la cual sentimos que nuestra integridad o la de nuestros seres queridos esta en riesgo, se presenta la ANSIEDAD.
La ansiedad se define como miedo anticipado a padecer un daño o desgracia futuros, acompañada de un sentimiento de temor o de síntomas somáticos de tensión. Es una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza.

La ansiedad como cualquier otra emoción tiene tres componentes o sistemas de respuesta: subjetivo o cognitivo, fisiológico o somático, y motor o conductual.





  • Subjetivo-cognitivo. Se denomina, también, verbal-cognitivo, es el componente de la ansiedad relacionado con la propia experiencia interna, es decir, evaluación y percepción subjetiva de los estímulos y estados asociados con la ansiedad. La experiencia que se tiene es emocionalmente desagradable con miedo, aprensión, obsesiones, pensamientos intrusivos, etc.


  • Fisiológico-somático. Los cambios que más predominan, a nivel fisiológico, son de la actividad del sistema nervioso autónomo, que se reflejan a nivel externo como: sudoración, dilatación pupilar, aumento tensión muscular, palidez facial, temblor, etc. Y a nivel interno con: aceleración cardiaca, descenso de la salivación, etc. Unas pertenecen a funciones que pueden controlarse voluntariamente como la agitación, defecación, respiración... y otras funciones involuntarias como: palpitaciones, vómitos, temblor...


  • Motor-conductual. Son los componentes observables de la conducta, es decir, a las respuestas de evitación y escape.
En la lucha por la supervivencia, estas respuestas nos afectan seriamente. Principalmente se deberá considerar los siguientes efectos:




  • Atención selectiva: Los sentidos proveen de información al cerebro, pero ante una amenaza, este se “sintoniza” con el sistema sensorial que proporciona la información más relevante relacionada con dicha amenaza.


  • Visión de túnel: En términos médicos, es la pérdida de visión periférica, con conservación de la visión central, lo que resulta en un campo de visión reducido similar a estar viendo a través de un tubo circular.


  • Exclusión auditiva: Implica un enfoque automático de nuestra capacidad de percibir sonidos, en aquellos asociados a la amenaza principal identificada. Durante un periodo de tiempo, se dejaran de oír el resto de los sonidos, produciéndose lo que se denomina túnel sonoro o exclusión auditiva.


  • Alteraciones en la compresión espacio/ tiempo: La capacidad de percepción del tiempo y las relaciones espaciales se verán afectadas, el resultado será que nos parecerá que las cosas ocurren “en cámara lenta”.


  • Incapacidad de seguimiento mental: La persona no es capaz de seguir los detalles de la situación que se desarrolla a su alrededor. Con posterioridad al hecho, es muy posible que ni siquiera recuerde esos detalles.


  • Afectación de la coordinación y los reflejos: La coordinación de las manos y de la vista se ven gravemente afectados, normalmente se pierde la motricidad fina.
Estos efectos pueden llevar a una persona a adoptar decisiones incorrectas, que pondrán en serio riesgo su integridad física o la de sus seres queridos. Sin embargo pueden ser minimizados a través de un adecuado entrenamiento. Por ejemplo, la combinación de ejercicios aeróbicos (cardio/ respiratorios) y anaeróbicos en los entrenamientos de lucha o tiro, mejora la capacidad de una persona para el control de una situación limite donde su supervivencia se encuentra en riesgo.

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