lunes, 21 de noviembre de 2011

Kapap Argentina - El Kapap y los niños


En mi viaje a los Estados Unidos tuve, entre otras cosas, la oportunidad de participar de las clases que el Maestro Avi Nardia imparte a los niños. La posibilidad de entrenar a los mas chicos en el Kapap era una idea que rondaba por mi cabeza desde hace mucho tiempo (Para ver antecedentes hacer click AQUI), sin embargo tenia algunos reparos.


El entrenamiento sobre la base de conceptos sumado a la estimulacion de la inteligencia emocional, como método para "in corporar" (Es decir poner en el cuerpo) dichos conceptos, esta mucho mas cerca de los niños que de los adultos. Los niños aún no han sufrido el "adoctrinamiento" cultural que bombardea a los adultos. Los niños "no saben" que "no pueden" y es por ello que tienen muchas menos impedimientos psicológicos que los adultos para hacer algo.


Hemos experimentado en este campo y es maravilloso observar, por ejemplo, la facilidad con la cual los niños incorporan los drilles de entrenamiento de combate con palo. Para ellos es un juego, y es esa capacidad de jugar la que los aleja de la racionalizacion (Estimulacion de la corteza cerebral) y los acerca a la inteligencia emocional. Esto contrasta con la dificultad que evidencian los adultos para el aprendizaje de esos mismos drilles.


El Maestro Avi NARDIA cree que el Kapap es beneficioso para los niños, y lo enseña desde el juego, aunque en ningún momento olvida los aspectos formativos: La clase comienza con los niños limpiando y ordenando su lugar de entrenamiento. Esta vieja y olvidada costumbre de las Artes Marciales les recuerda la importancia de la humildad y responsabilidad.


El Kapap enseña a los niños principios realistas que pueden utilizar para defenderse de un agresor adulto, teniendo en cuenta los posibles escenarios de ataque que los niños pueden enfrentar, especialmente para situaciones de abuso y secuestro. Lo más importante es que el Kapap educa a los niños sobre las medidas de seguridad y precauciones a tomar con el fin de evitar el peligro y mantener la seguridad. Las acciones físicas de la defensa personal sólo se utilizan como último recurso.



Es innegable el valor del aporte del Kapap a la seguridad y autoconfianza de los niños. Sin embargo, en mi opinión, el diferencial mas importante que otorga el Kapap respecto de otras Artes Marciales es la apertura de mente, la desestructuracion.


Este ultimo aspecto es, a mi juicio primordial. La rigidez mental y la estructuración condicionan la vida de todos los seres humanos.


Les recomiendo leer el libro "Los cuatro acuerdos" del Dr. Miguel Ruiz. A continuación trascribo algunos de sus párrafos.

"...aprendimos una realidad completa... Aprendimos cómo comportarnos en sociedad: qué creer y qué no creer; qué es aceptable y qué no lo es; qué es bueno y qué es malo; qué es bello y qué es feo; qué es correcto y qué es incorrecto. Ya estaba todo allí: todo el conocimiento, todos los conceptos y todas las reglas sobre la manera de comportarse en el mundo".

"Tú no escogiste tu lengua, ni tu religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras. Nunca tuvimos la oportunidad de elegir qué creer y qué no creer. Nunca escogimos ni el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio nombre".

"Así es como aprendimos cuando éramos niños. Los niños creen todo lo que dicen los adultos".
"Llamo a este proceso «la domesticación de los seres humanos». A través de esta domesticación aprendemos a vivir y a soñar. En primer lugar, al niño se le enseña el nombre de las cosas: mamá, papá, leche, botella... Día a día, en casa, en la escuela, en la iglesia y desde la televisión, nos dicen cómo hemos de vivir, qué tipo de comportamiento es aceptable".
"Domesticamos a los niños de la misma manera en que domesticamos a un perro, un gato o cualquier
otro animal. Para enseñar a un perro, lo castigamos y lo recompensamos. Adiestramos a nuestros niños, a quienes tanto queremos, de la misma forma en que adiestramos a cualquier animal doméstico: con un sistema de premios y castigos".
"Cuando no acatábamos las reglas, nos castigaban; cuando las cumplíamos, nos premiaban. Nos castigaban y nos premiaban muchas veces al día. Pronto empezamos a tener miedo de ser castigados y también de no recibir la recompensa, es decir, la atención de nuestros padres o de otras personas como
hermanos, profesores y amigos. Con el tiempo desarrollamos la necesidad de captar la atención de los demás para conseguir nuestra recompensa".

"En el proceso de domesticación, perdimos todas nuestras tendencias naturales".
"La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida, ya no necesitamos que nadie nos domestique. No necesitamos que mamá o papá, la escuela o la iglesia nos domestiquen. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador. Somos unos animales auto-domesticados. Ahora nos domesticamos a nosotros mismos según el sistema de creencias que nos
transmitieron y utilizando el mismo sistema de castigo y recompensa. Nos castigamos a nosotros mismos cuando no seguimos las reglas de nuestro sistema de creencias; nos premiamos cuando somos «un niño bueno» o «una niña buena»".

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